El “quién-mató-a-Kennedy” luxemburgués

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ponebombas Todos los países tienen su “Caso Kennedy”: un delito con connotaciones políticas, gran expectación mediática y que no acaba de resolverse del todo. En España está el tema de los GAL, en Francia la “Affaire Clearstream” y aquí en Luxemburgo tenemos al Bommeleeër (Traducción: Ponebombas).

ponebombasEntre 1985 y 1987 tuvieron lugar en toda la geografía del país una veintena de atentados con bombas, que aún sin causar víctimas y escasos daños materiales, mantuvieron en vilo a la sociedad luxemburguesa durante más de dos años. Las bombas e xplotaban en sitios que de alguna manera podrían identificarse como símbolos del establishment del país: desde mástiles de la compañia estatal de electricidad hasta el palacio de justicia, pasando por el aeropuerto, el edificio del periódico Luxemburger Wort e incluso la piscina olímpica.

Parece claro que la serie de atentados, que termina sin previo aviso a principios de 1987 después de 24 bombas en distintos puntos del país, no es obra de un sólo hombre. Pero las muchas pistas han dado lugar a todo tipo de teorías de conspiración, convirtiendose en uno de los temas de discusión predilectos de la población autóctona. Desde altos cargos policiales hasta miembros destacados de la clase política e incluso un hermano del actual Gran Duque la lista de sospechosos es todo menos habitual.

¿y por qué más de 25 años después se siguen derramando ríos de tinta sobre este asunto?

A finales de 2007, el procurador del Estado (el Garzón luxemburgués, por así decirlo) Robert Biver reabre el caso. En su análisis de las pruebas existentes y de la investigación que se había llevado a cabo durante años sin encontrar nunca pistas concluyentes sobre la autoría de los atentados, Biver llega a la conclusión de que la pista más concluyente es la de las fuerzas del orden mismas, en concreto la Brigada Móvil, una unidad especial de la policía.

Poco después se publican en la prensa los nombres de 2 policías de dicha unidad, presuntos autores materiales de los atentados. Mientras el responsable de la brigada durante la época de los atentados y en la actualidad alto cargo de la policía, es apartado de sus funciones (y ocupa un discreto puesto en Interpol en Bruselas).

La semana pasada, por fin, la justicia luxemburguesa da un paso más y en un escrito de unas 130 páginas, que resume la investiga ción llevada a cabo por el procurador Biever, acusa formalmente a los dos policías. Estos, apoyados por el polémico abogado Gaston Vogel, no han tardado en salir a la palestra para clamar su inocencia mientras su abogado denuncia que son cabezas de turco. En cualquier caso, parece claro para el abogado que la responsabilidad de los atentados no es de un par de policias de a pie, sino que de aquellos que dieron las órdenes…y ahí las especulaciones y teorías conspirativas vuelven a asomar.

Habrá que ver en los próximos meses lo que dará de sí el juicio más emocionante de los últimos años aunque cabe dudar que después de 25 años el famoso asunto del Ponebombas deje de ser un caso abierto.

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